De buenos y malos

Cuando pensamos en qué sea aquello que todos hacemos a lo largo del día, en toda nuestra vida, en qué ocupamos nuestro tiempo y nuestras energías, me vienen a la cabeza muchas cosas, claro, depende de qué necesidades tengas, pues no es lo mismo tener la vida resuelta y dedicarte a disfrutarla, que tener que trabajar para vivir. En este caso, el de la gran mayoría, el de casi todos, lo que hacemos es intentar cubrir nuestras necesidades básicas y no tanto mediante recursos que conseguimos trabajando, o al menos eso es lo que queremos.

Pero si pensamos un poco más profundamente, quizá nos demos cuenta que en cualquiera de los casos, la satisfacción de nuestras necesidades siempre pasa por la intervención de otras personas, por la mediación, la colaboración, la competencia, la lucha con otras personas, incluso contra otras personas.

No debiera extrañarnos que algún antropólogo pudiera definir a los seres humanos como animales incapaces de vivir aislados, o al menos de vivir una vida plenamente humana sino es contando con los demás. Los humanos formamos grupos, colectivos, clases, sociedades, y por mucho que filósofos de medio pelo vean en esto un acuerdo voluntario, un “me lo pienso y si eso ya hacemos una sociedad”, estas aberraciones de la razón, que ya sabemos que cuando se separa de la vida puede crear monstruos (aunque lo mismo pasa si la vivimos sin cabeza), digo que por mucho que nos quieran inculcar esto de la vida colectiva como algo difícil, sesudo o problemático, lo que yo creo es que no hay nada más natural, normal y cotidiano para la gente que vivir unos con otros y reunirse para resolver sus necesidades.

Y ya sé que hay mucho egoísta, desconfiado, depredador, haragán o parásito, esto es, comportamientos que hablan de cualquier cosa menos de colaboración, solidaridad y ayudarse, pero también sé que todos los días, en todas las partes del mundo, ahora mismo, muchas personas ayudan a otras sin hacer las cuentas.

Simplemente creo que junto a la gran mayoría que sabemos esto, que hemos mamado esto desde que nuestra madre nos trajo al mundo, cuando ella la primera nos ofreció todo a cambio de nada, quizá un poco de respeto siendo más mayores, digo que simplemente pasa que hay un interés muy poderoso en que parezca lo contrario, que todos tenemos que luchar contra todos y si cabe matarnos por conseguir lo que necesitamos, y que en esto no hacemos sino seguir los dictados más animales de nuestra especie, y que si tu no le quitas el pan al otro, este lo hará antes y te quedarás sin comer.

Muchos aún recordarán el paso de niño (o joven) a adulto, ese paso (o pasos) que todos acabamos dando cuando ya no podemos acudir a nuestros padres para resolver un problema, cuando aunque estemos cansados nadie nos cogerá en brazos ni siquiera un ratito. Es un paso duro que todos tenemos que aprender antes o después, es un paso que requiere un aprendizaje de vida que nos hace personas autónomas y responsables.

De muchas cosas depende que esos pasos sean en dirección a la competencia o lucha contra los demás, o en dirección a la cooperación o la solidaridad. Unos dirán que depende de nuestros impulsos o instinto animal competir, otros sin embargo apuntarán a nuestros impulsos de cooperación, que son tan animales como los otros, y más en una especie social como la nuestra. Pero en cualquier caso, yo prefiero situar la clave en el aprendizaje de vida, en la cultura en la que nos hemos criado, en la leche que hemos mamado en casa, en la calle, en la escuela, aunque lo más importante, en mi opinión, no es esta suerte de cosas aprendidas, entendidas como valores o guías mentales (concepto que esta muy de moda hoy y no es sino un concepto sesgado, parcial o solo pensado para personas sin barriga), sino que debemos entender este aprendizaje como carencias o necesidades no cubiertas, esto es, pesando más en la formación vital de la persona aquello que necesitas y la forma que has usado o tienes que usar para conseguirlo.

De manera que si desde pequeño tienes que pelear por la comida, quitándosela a otro para comer tu, es muy difícil que esta persona resuelva sus problemas en cooperación con los demás. Simplemente ha aprendido justo lo contrario.

Y quien mejor sabe esto no somos nosotros, que vamos aprendiendo a trompicones, los que mejor lo saben son los beneficiarios de nuestro trabajo, los amos de las cosas que necesitamos para vivir, los que viven de sacarnos la sangre como vampiros, repartiéndose el trabajo unos y otros (están muy bien organizados, toman papeles distintos pues este es su trabajo, simplemente, vivir de nosotros), ellos saben muy bien que por mucha leche de solidaridad que hayamos mamado, si nos controlan la comida y otras necesidades básicas, si tienen la llave para darnos o quitarnos lo que necesitamos, simplemente aprenderemos no solo a obedecerles sino, lo más importante, a gastar nuestra vida peleándonos entre nosotros, sin darnos cuenta que ellos son el problema y que quitándolos de en medio lo resolvemos.

Como digo, el aprendizaje vital es la clave, desde niños hasta abuelos, por ello pienso que siempre, pero más ahora en estos tiempos de crisis pues compartimos más necesidades o al menos están más visibles, digo que ahora tenemos que aprender a hacer las cosas de otra manera, esa que ellos más temen pues es su fin como clase, esto es, ayudarnos unos a otros, organizarnos como personas con necesidades que resolveremos mediante el apoyo mutuo, la solidaridad y sin mediación, sobre todo sin su mediación.

Grupos de apoyo mutuo, iniciativas de autogestión, asambleas de iguales, organización de base que nos devuelva la confianza en nuestros iguales, nuestro íntimo ser humano solidario y bello. Somos poderosos, tenemos todo el poder sobre nuestras vidas a condición de que no admitamos su mediación, la mediación del miedo, de la miseria, de la injusticia. Tornaremos estas mediaciones por la del hombro amigo, la de la mirada limpia y recta, la de la mano extendida hacia un corazón abierto, y toda esta poesía la aplicaremos a cosas tan prosaicas como comer todos los días, dormir bajo techo, conservar la salud, educar a los niños, o defender nuestras conquistas, por poner algunos ejemplos.

Si esto que digo sale medio bien ellos se revolverán (ya se están revolviendo cuando echan a la calle a sus perros a pegar dentelladas), y nos tendremos que defender, no será tan fácil como hacer o vivir sin ellos, no nos dejarán, sin nosotros ellos no son nada, sin nosotros están muertos, y antes de morir se resistirán, y vendrán a por nosotros, y debiéramos estar esperándoles, ya debiéramos estar preparándonos.

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