No nos representan

El “no nos representan”, junto con el “no somos mercancías en manos de políticos y banqueros” son con mucho las consignas más radicales que el 15 M paseó por las calles de España en aquella primavera y verano mágicos de 2011.

La segunda es una consigna radicalmente (de raíz) anticapitalista, que denuncia la explotación de la mayoría por unos pocos, esa subsunción real del trabajo en el capital descrita por Marx hace 150 años. Este deseo llevado a sus lógicas consecuencias clama por un sistema de relaciones económicas donde nadie sea medio o instrumento de nadie, donde nadie sea tratado como una cosa o medio de producción de valor para otro, esto es, donde lisa y llanamente haya desaparecido el capitalismo.

Por su parte, la primera consigna no solo denuncia la carencia de legitimidad de unos políticos salidos de nuestro sistema electoral tramposo, sino que más allá, puesta en conexión con la anterior, niega legitimidad a un sistema político que nos somete a aquellos mercaderes, que expropia nuestro poder de autodeterminación y defensa y lo vuelve contra nosotros, donde nuestra obediencia a la Ley es sometimiento a aquella explotación.

El salto es franco, pues no es lo mismo negar legitimidad al sistema electoral, e incluso no querer participar con sus reglas en ninguna operación partidaria, como de forma beligerante ha venido defendiéndose el movimiento, y otra cosa muy distinta es negar legitimidad a un sistema político que nos trata como mercancías.

Esto es, sin necesidad de abrazar planteamientos ácratas donde no se concibe la mediación con los demás sino de forma directa, horizontal o por medio de delegados sujetos a mandato imperativo, lo cierto es que el “no nos representan”, en conjunción con el “no somos mercancías...” al menos debería exonerarnos del continuo trasiego de peticiones dirigidas a las instancias políticas o de gobierno.

Seamos coherentes, si ellos no nos representan, si el sistema político y económico nos trata como mercancías, a qué coño les pedimos nada.

Vale que en los múltiples movimientos, plataformas, mareas, cumbres, etc, que se vienen produciendo desde mayo de 2011, hay personas que simplemente buscan un cambio de política por pequeño que sea, un gesto amable, una pequeña cesión, incluso una disculpa les bastaría para volver a la tranquilidad de su obediencia acostumbrada. Respeto ese punto de vista, se que marchan conmigo hoy pero no lo harán mañana, aprecio su compañía hoy y simplemente les pido que cuando yo siga mi camino no me manden a la policía, y si llega el día que ven cómo me golpean, que al menos tuerzan el gesto. Les pido que no me vean como un enemigo que amenaza su paz o su tranquilidad, les dirán esto de mi y cosas peores, les pido que respeten mi búsqueda y que no destruyan mi trocito de mundo, donde siempre tendrán un hueco a condición de que entren con respeto, pues de otra forma el enfrentamiento será inevitable.

Y es que junto conmigo marchan otros que anhelan liberarse de la explotación capitalista y de la obediencia a su estado opresor, y sabemos que pidiendo no nos van a dar nada importante, nada que cambie realmente nuestras vidas será simplemente concedido, sabemos que hay que luchar por ello, y sobre todo que tenemos que construir sin ellos nuestra nueva casa, tomando lo que nos pertenece allí donde esté, desobedeciendo sus leyes, organizando al mismo tiempo el nuevo mundo, defendiéndolo, y dando fiel ejemplo del futuro en nuestras vidas de hoy.

Por eso marchamos hoy, no nos equivoquemos.

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