Organizar la victoria

Nuestra tarea más urgente es organizar la resistencia ante la depauperación a la que estamos sometidos, para el cercano estallido, organizar la lucha contra los parásitos y depredadores que viven de nuestro trabajo, organizar una vida sin ellos, organizar la victoria.

El estallido está cerca, el capitalismo no caerá solo, ni siquiera es seguro que caiga si no le tumbamos. Si no hacemos nada, superará sus cada vez mayores contradicciones destruyendo capital y matando gente, ya lo ha hecho antes. Pueden ser guerras entre estados, o estallidos interiores donde nadie se apiada de nadie, porque al final lo que importa es poner a cero la cuenta del nuevo ciclo producción de beneficios y acumulación de valor. Ellos ya han tomado posiciones.

Ya tenemos conciencia de la maldad del sistema capitalista, de su más estricta incompatibilidad con la dignidad humana y el futuro del planeta, ya sabemos los trucos como nos explotan los depredadores, ya conocemos el miedo a caer en la miseria, o a no poder salir de ella, sentimos en nuestros corazones las ansias de liberación, pero hoy dejamos la poesía y nos centramos en cómo organizarnos.

No creo en la revolución frontal, total o central contra el aparato de coacción estatal, contra el brazo armado de los depredadores, no por ahora.

El estado es solo un instrumento más al servicio de quienes nos explotan cotidianamente, descentralizada y domésticamente mediante el control de los recursos esenciales. Esta es la fuente de su poder, el de someternos a condiciones de miseria, administrar nuestras necesidades, nuestro miedo, nuestra mente, es un poder inicialmente social, basado en una forma de vida parasitaria, tramposa, manipuladora, que existía ya antes del nacimiento del estado como hoy lo conocemos, si bien este ha resultado ser un aparato formidable para la dominación capitalista, su instrumento más sofisticado y eficaz.

Pero como digo, no podemos enfrentarnos al estado precisamente de la forma frontal para la que mejor está preparado, el enfrentamiento tiene que ser lateral, descentralizado y subversivo, zapando los pilares sobre los que se sustenta. Además, de poco nos serviría tomar el estado si al tiempo que expropiamos a los depredadores no construimos una alternativa de vida que nos permita afrontar la revolución como un hecho excepcional, donde la inevitable violencia que deberemos desplegar no arraigue, una alternativa de vida que pueda reclamar desde los primeros momentos de la revolución suposición preeminente en relación de medio a fin.

Ejercemos violencia para defendernos de los depredadores, para liberarnos de su sometimiento, no ejercemos la violencia para obligar a otros a vivir como preconizamos, tomaremos el estado para destruirlo, no para someter a nadie, y esto solo es viable si cuando llegue el día hemos construido una mínima infraestructura que nos permita vivir sin explotar ni ser explotados. Y quién sabe, puede que ni siquiera sea necesaria la violencia si conseguimos disolver el sistema al retirarle nuestro apoyo en una magnitud crítica (aunque en este caso es de esperar que ellos reaccionen con más violencia y represión frente a la que habríamos de defendernos), pero con todo no es una solución descartable a priori, el tiempo hablará por nosotros.

La infraestructura de que hablo de hecho ya la estamos construyendo, o al menos algunos ya hemos empezado, aunque debemos tomar conciencia de ello y reconocernos en la tarea.

En primer lugar debemos construir nodos de producción de recursos básicos, debemos proveernos de alimentos, vestido, vivienda, energía, sanidad, educación, cultura, de forma colectiva, donde todos participamos en igualdad, aportando según nuestras capacidades, obteniendo según necesidades, organizándonos en nodos de producción, distribución, intercambio y consumo. A poco que sean eficaces estas herramientas habremos conseguido un importante efecto de liberación para quienes participemos en estas islas de vida, no dependeremos o dependeremos menos del sistema de explotación afuera, y podremos ser más efectivos en la lucha contra el sistema.

Sí, luchar contra el capitalismo, pues si nos limitamos a construir islas acantonadas, ausentes del conflicto social, del estallido que viene, no seremos sino desertores del reto de nuestro tiempo, que no es otro que asestar el golpe definitivo al capitalismo, subvertirlo, hacerlo caer y con él a los parásitos que sostiene, liberando a quien quiera ser liberado. La lucha y el activismo social se impone, y no solo como deuda moral, sino como estricta estrategia defensiva de la frontera con el exterior, haciéndola más grande, trayendo cada vez a más personas de este lado, debilitando los instrumentos de la explotación, el estado, bancos, multinacionales, pero también objetivos más domésticos, locales, cercanos, cualquier objetivo que haga más fuertes a los parásitos, cuya destrucción haga temblar el suelo que pisan, uniéndonos a luchas existentes, reforzándolas, o iniciando nuevas, solo hay una regla en esto, no hagas nada que debilite a tu igual, nada que le dañe, todos nuestros actos deben ser un mensaje de nuestra forma de vida, tan nítidos que hablen por si solos sin necesidad de interpretación, sin dolorosas justificaciones de daños accidentales a personas como nosotros. Por ello además de nodos de recursos deberemos construir nodos de activismo basados en grupos de afinidad, para la acción directa, la desobediencia, la no cooperación, el sabotaje, acopiando recursos, técnicas, información, sin una dirección o planificación central, donde cada uno actúe según su táctica más afin.

Junto a los nodos de recursos y de activismo es necesario construir una conciencia colectiva, reitero, no una dirección central, ni siquiera una instancia de coordinación o al menos no permanente, lo que debemos hacer mediante la elaboración de un imaginario subversivo, de lucha anticapitalista, de un modo de vida en la frontera, en definitva, de una cultura que nos ayude a formarnos un lenguaje común con que interpretar el mundo contra el que luchamos y el que queremos construir. Los medios de contra-información, la literatura, las artes escénicas, audiovisuales, incluso las clásicas adaptadas a nuestras necesidades, todas pueden contribuir a dotarnos de una mente adaptada a nuestra necesidad de liberación.

Queda resaltar que vengo hablando de nodos, me refiero a los nudos de un red, esa estructura tejida de débiles hilos por separado que atrapa su objetivo mediante la fuerza conjunta de sus anudamientos, cada hilo se anuda con sus cercanos, tejidos en igualdad, cada nudo conectado a todos los demás mediante varios hilos, ninguno imprescindible, la red puede romperse por uno o varios sitios antes de perder su eficacia, e igualmente puede reparase fácilmente. Esta estructura o forma de organización debe incluir a todos quienes quieran sumarse, la red permite ampliaciones, variadas formas, también cortes o pérdidas, y todo ello sin registros de integrantes, no hay carnets de militantes, solo hay personas que actúan en uno o varios de los ámbitos enumerados, que se reconocen afines por su hacer y no tanto por sus proclamas, combatiendo el capitalismo a través de sus múltiples formas de indignidad, explotación económica, fascismo, racismo, discriminación sexual, pensamiento único, represión.

No es cierto que la historia se repita, esta no es un reloj, ni siquiera hay relojero, la historia es nuestra y la hacemos desde nuestra realidad doméstica, pequeña, cotidiana, tejida de actos, omisiones, aciertos y errores de cada uno de nosotros. Propongo la subversión, propongo obedecer una a la luz del día, deshaciendo ciento por la noche. Propongo construir la alternativa que nos permita ganar la vida sin ellos, la noche será testigo mudo de nuestro afán, la luz de la luna guiará nuestros pasos por caminos nuevos cargados de futuro. Propongo la victoria, propongo la vida, de la que solo quedará la poesía cuando faltemos.

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