El fascismo toma de nuevo la Universidad de Salamanca

No me gusta escribir sobre asuntos de la actualidad, no sé, soy de poso lento, asimilar las cosas me resulta un proceso de digestión trabajoso, casi metabólico, pero voy a intentar hacer una excepción con la noticia de estos días en la ciudad de Salamanca.

Finalmente el Rector, Daniel Hernández Ruipérez, ha terminado por prohibir la charla organizada en las instalaciones del Edificio FES (Filosofía, Economía y Sociales) del Campus Unamuno, por la Asociación Estudiantil CEA (Colectivo Estudiantil Alternativo), de ideología izquierdista, y el colectivo Acción Antifascista de Salamanca (AAS), contra la criminalización de los movimientos sociales, donde entre otros estaba invitado Alfon Fernández, joven madrileño encarcelado preventivamente durante casi dos meses tras la huelga general del pasado 14 de noviembre, acusado por la policía de portar explosivos, si bien la Jueza instructora hubo de excarcelarlo por falta de pruebas.

Al parecer en su día CEA tramitó la oportuna comunicación o permiso al Decano de Filosofía para usar las instalaciones de esta Facultad, concretamente una de sus aulas, sin objeciones como es habitual en cualquier otro de los numerosos actos que esta activa asociación viene realizando, siendo la mayoritaria por sufragio estudiantil y número de claustrales o miembros del Claustro Universitario.

Pocos días antes de la charla otra asociación estudiantil, Solución Independiente Universitaria (SIU), vinculada al partido político de ideología fascista Democracia Nacional, que no cuenta con representación en los órganos de gobierno universitarios y al parecer ni siquiera está censada como tal en la Universidad, lanzó a los medios una acusación contra la Universidad por dar cabida en sus instalaciones al tal Alfon, como persona acusada por la policía de portar explosivos, e imputándole otros cargos o antecedentes policiales por los que nunca ha sido condenado, como robo con violencia, agresión sexual, posesión de drogas y otros actos violentos.

Enseguida los medios de prensa locales, La Gaceta Regional de Salamanca, periódico de tirada mayoritaria e ideología derechista, en cuyo accionariado participan personas que fueron o son cargos políticos del Partido Popular, el diario digital salamanca24horas.com, e incluso otra asociación estudiantil, Asociación de Estudiantes de la Universidad de Salamanca (AEUS), vinculada al Partido Popular, recogen este comunicado e incluso el último medio plantea al público salmantino una encuesta por internet sobre si se debe prohibir la charla.

Con todo, tras una gran presión mediática dirigida contra la Universidad, donde llega a vincularse al joven con actitudes o prácticas incluso terroristas, finalmente el Rector cede y tras ofrecer a CEA que la charla se celebre pero sin la participación de Alfon, escondiéndose tras la excusa de que este no es persona relevante para hablar en la Universidad, CEA y AAS deciden trasladar su charla a las instalaciones del sindicato CGT.

Todo esto puede ser calificado de muchas formas, no me cabe duda, podemos hablar de atentado a la libertad de expresión, de discriminación en el uso de medios públicos por razones ideológicas, de criminalización contra la presunción de inocencia, u otras formas de tan solo rascar la cáscara del problema, pero yo prefiero hurgar un poco más y hablar de fascismo, sí, fascismo en esta tranquila ciudad periférica donde todo llega tarde y mascado, donde vamos a remolque del pulso de los tiempos, donde los relojes atrasan por siempre y para desgracia de una juventud, ya sea propia o foránea, que tan solo puede estudiar, pero que casi siempre tiene que escapar a buscarse la vida fuera dada la falta de oportunidades laborales en este redil de piedra y oficialidad.

Lo que no se ha ido de aquí ha sido el fascismo, por ahora solo el sociológico o de tapadillo, que manipula los medios y amedrenta a la masa acrítica blandiendo antecedentes policiales y acusaciones nunca probadas o por las que un tribunal de justicia nunca impuso una condena, estigmatizando o marcando a objetivos de su miserable necesidad de tener las mentes preparadas para cuando sea necesario salir a la calle a imponer su ley de brazos alzados al miedo y la estulticia.

Miremos Grecia, donde el fascismo ya ha dejado de ser sociológico y ya campa por sus calles, corriendo a inmigrantes, adoctrinando a niños en la escuela, o ayudando a la policía en las tareas donde la ley, por ahora, les impide actuar sin atender a formalidades como los derechos fundamentales.

Aquí nos queda poco tiempo ya, cuando el paro sea insoportable porque las familias ya no puedan dar de comer a sus miembros, cuando el asalto a los supermercados no sea una acción reivindicativa sino una forma de sobrevivir, cuando nadie se apiade de nadie y tengamos miedo de nuestro igual, entonces habrá llegado la hora del fascismo sin más.

Entonces, aquel episodio también acaecido en Salamanca, en octubre de 1936, cuando de nuevo la Universidad hubo de ceder al chantaje fascista expulsando a su recio Rector Don Miguel de Unamuno por enfrentarse a los fascistas en sus mismos morros, entonces Salamanca pondrá de nuevo en marcha su reloj apestado, quizá su verdadero reloj, ese reloj pétreo, triste, gris, que achanta las cervices y hunde los corazones en una existencia de muerte, al grito de ese tan cerca lejano viva la muerte, muera la inteligencia proferido por aquel salvaje, por estos salvajes, aunque solo quizá, pues igual que Don Miguel se enfrentó con la valentía que da la vejez y el tiempo bien vivido, igual tanto ayer como hoy, viejos como él y jóvenes como Alfon saben lo que tienen que hacer, sabemos lo que tenemos que hacer para expulsar de nuestras vidas el miedo y a cuantos viven de él, y no cabe duda que lo haremos.

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