Probablemente

Hace ya más de 4 años que nos enteramos que estábamos en crisis. Había que refundar el capitalismo, decía un balbuceante Sarkozy, pero poco después ya nos dimos cuenta que esos políticos puestos ahí por nosotros no harían nada contra los responsables, dueños y gestores de los principales bancos y entes financieros internacionales, o de las multinacionales de bienes básicos para las personas, como los alimentos, la energía o las medicinas, o contra los corruptos que se enriquecieron robando nuestro trabajo y se llevaron el dinero a paraísos fiscales.

 

No pasó mucho tiempo antes de comprobar una vez más cómo las crisis del capitalismo se resuelven siempre contra la gente, dejando fuera a una parte, en la miseria, en la desesperación o incluso la muerte, mientras la otra parte afortunada que se queda dentro está cagada de miedo, trabajando por la mitad con suerte, mirando de reojo a su vecino, intentando no ahogarse en el cenagal de la angustia.

Hoy 4 años después ya sabemos todo esto e intentamos resistir a los diarios golpes contra nuestros derechos más básicos, que creíamos inexpugnables en un estado democrático, golpean nuestra dignidad que creíamos patrimonio irrenunciable de la civilización, nos roban la salud, la educación de nuestros hijos, nos roban la posibilidad de ganarnos el futuro, y nos golpean cuando nos quejamos, nos encarcelan, o nos dejan tuertos o nos matan a bolazos disparados por quienes deberían protegernos.

Todo esto ya lo sabemos, y nos enfadamos, nos indignamos, y nos desgañitamos en quejas y reivindicaciones frente a quienes no solo nos han demostrado que no tienen corazón, sino que finalmente cobran bien su trabajo de mercenarios bien recompensados.

Pero es inútil, el tiempo de la protesta, de la denuncia, la concienciación o la performance, ya ha pasado.

Muchos pensábamos que podría ser suficiente mostrar a la gente los trucos del poder, enseñar cómo nos engañan, cómo nos ordeñan y nos tratan como a ganado. Muchos pensábamos que si la gente sabía las cosas haría lo debido, se rebelaría, se levantaría y lucharía por su dignidad, por su libertad, por su futuro. Pero no ha sido así, la gente se ha espantado, acuciada por las necesidades reales se ha enrocado en la torre del miedo, y sigue fiando su futuro a los mismos, o los mismos con otros colores, con otra chaqueta, bajo otras promesas que tampoco cumplirán porque los que mandan de verdad no se presentan a las elecciones, y estos han decidido ya que somos sobrantes, excedentarios, no cabemos en sus cuentas y tenemos que desaparecer.

Probablemente haya que seguir predicando, mostrando las cosas debajo de las noticias amañadas, descubriendo las caretas de quienes nos chupan la sangre. Probablemente haya que seguir descubriendo todas las fuentes de dominación, las distintas caras del poder contra la gente, todos los frentes donde se juega la pugna por la libertad.

Probablemente haya que seguir haciendo charlas, conferencias, debates, manifestaciones, plantes, marchas, escraches, huelgas. Probablemente para muchos esto sea imprescindible y no soy quién para llevarles la contraria.

Pero también, probablemente, ya haya llegado el tiempo de hablar menos y hacer más, reivindicar menos, justificarles menos como instancia de poder a la que nos dirigimos pidiéndoles que hagan por nosotros.

Probablemente ya haya llegado el momento de coger lo que es nuestro, de ocuparnos de nuestro futuro nosotros mismos, juntos, organizados, algo así como robar lo que fue nuestro, lo que nos quitaron previamente con la violencia, la intimidación o la estafa de su sistema de explotación, inhumano e indigno.

Probablemente haya llegado el momento de enfrentarnos a la barbarie sin apelar a instancias exteriores a nosotros, hagámoslo nosotros mismos, pero juntos, el estado está podrido, la carcoma del capital lo ha hundido, no propongo ningún caos, este ya está aquí, es el caos del desamparo, de la rapiña institucional, de la insolidaridad.

Probablemente tengamos ya que adelantarnos al estallido, donde nadie se cuida de nadie, donde todos somos enemigos, donde el poder encuentre justificación para asestarnos el golpe final y termine por someternos hasta la siguiente crisis, hasta la siguiente escaramuza.

Asambleas de base, populares, de ayuda mutua, autogestión de los recursos con que aún contamos o los que deberemos recuperar con una acción organizada, dirigida a evitar el estallido que ellos necesitan para consolidar su poder, y que nosotros no podemos permitir si no queremos perder el último atisbo de humana dignidad que aún nos queda, y también articular nuestra defensa, estrangular su poder con nuestra desobediencia, resistencia, sabotaje, todas ellas probablemente sean ya las cosas que necesitamos hacer como último recurso antes de volver a introducirnos en el agujero de la ignominia durante otra vida sometida.

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