Lo que creo que hay que hacer

Pedir lo que necesitamos, esto es lo primero, se supone que vivimos en una sociedad civilizada donde la dignidad de las personas es el fundamento del orden político y de la paz social, esto no lo digo yo, lo dice nuestra Constitución (art. 10), y otras constituciones llegan a decirlo incluso más radicalmente, aceptando que si el estado no respeta a las personas estas están justificadas para rebelarse.

 

Y si lo pedimos y no nos lo dan, o no tenemos lo suficiente, pues lo cogemos. Cogemos lo básico, lo esencial, tanto si antes era nuestro y nos lo quitaron, como si nunca lo fue. Las más de las veces estaremos robando lo que es nuestro, paradoja que no es tanto si nos fijamos que todo sale de nuestro trabajo, lo que tienen los bancos, las multinacionales, las grandes empresas, puede estar más justificado por su relación con el poder, o incluso por el latrocinio, que por el esfuerzo y el resultado ganado honradamente. Sí, digo bien, demos la vuelta al valor de la honradez, nos dicen que si es legal es honrado, pero es mentira, hoy más que nunca la ley no es una regla de justicia, hoy más que nunca la ley es privilegio del poder, de sus dueños y de sus servidores. Donde hay privilegio no hay ley, donde no hay ley solo hay necesidad, la de coger el producto de nuestro trabajo y defenderlo.

Este camino da mucho miedo, es el caos, es la anarquía, dirán, pero el caos ya está aquí para mucha gente que no tiene lo más básico, para ellos el orden no tiene ningún sentido, el orden y la ley solo es violencia ejercida contra su más íntimo ser, y simplemente frente a esto no solo podemos, sino que debemos rebelarnos mediante una estrategia de producción, de defensa, y de cultura o valores.

Coger lo que es nuestro es también hacernos con los medios de producción para elaborar, fabricar, construir lo que necesitamos, significa autogestionar la producción, de manera democrática, donde todos aportan y obtienen lo necesario en proporción a su esfuerzo, en un principio no podemos pensar en que cada uno coja lo que necesite sin atender a lo que aportó, nos movemos en la escasez, aunque deberemos juntar la suficiente solidaridad para no dejar a nadie desamparado.

Pueden ser pequeñas iniciativas de producción, huertos, ocupación de viviendas abandonadas o vacías, recuperación de equipos, maquinaria, pero también otras iniciativas de mayor calado, ocupación de fábricas abandonadas por sus dueños, cuando quieren dejar en la calle a los trabajadores, ocupación de tierras públicas o en desuso, recuperación de pueblos, en todo esto las fórmulas de autogestión son muy variadas, desde simples fórmulas para pequeños grupos de afinidad, a modelos más complejos como cooperativas integrales, monedas sociales o comunidades de poder popular.

La defensa de nuestra estrategia es fundamental si pensamos que a poco bien que lo hagamos van a venir a por nosotros. Primero pasaremos desapercibidos, incluso nos agradecerán en privado quitarles de encima el problema asistencial. Seremos unos simpáticos ilusos que no dan problemas.

Con el tiempo empezarán a interesarse por nuestros resultados, burocracia, impuestos, multas, coacciones de baja intensidad o solo patrimonial, que si preparamos bien las tácticas legales, patrimoniales, de insolvencia, simplemente no deben preocuparnos.

Pero seguirán con la coacción personal, represión policial, violencia fascista, leyes penales, incluso la prisión, y no podemos descartar que se les vaya la mano y alguno caigamos. Frente a esto deberemos defendernos con protocolos de actuación preventiva, organización defensiva dirigida a eludir la violencia, y si no es posible pues deberemos afrontarla con valentía.

Pero en esta estrategia, tan fundamental como defenderse es el activismo, entendido como forma de salir fuera y captar a más personas, desde el ejemplo, desde el ofrecimiento, sin imposiciones, no podemos querer nuestra libertad y al tiempo cercenar la de otros.

Deberemos apoyar movimientos exteriores afines, o generarlos desde dentro, movimientos anticapitalistas, antifascistas o antirracistas, antipatriarcales, antiautoritarios. Incluso deberemos converger con otros movimientos que tácticamente nos reforcemos aunque no tengamos estrategias comunes a largo plazo. A veces el enemigo común une más que un objetivo común, y deberemos aceptarlo durante un tiempo, gestionando las traiciones con visión larga, inevitables, previsibles, y que usaremos para sumar y reforzarnos.

Por último los valores, la cultura del trabajo, del esfuerzo colectivo, de la solidaridad, de la alegría, el conocimiento compartido, la educación de la curiosidad, de la creatividad, frente al adiestramiento en la obediencia, el disfrute de la cultura, las artes, o lo que es lo mismo, la construcción de un fondo orgulloso, de una base ideológica luchadora, irreductible al dominio y la alienación, alentadora de la desobediencia organizada, de la emancipación frente a los distintos tipos de dominación.

Todo esto no es más que poder popular, es la gente sin más apoyos que la gente, unos fuertes con otros, frente a quienes nos explotan, nos mandan, nos meten en su corral para adocenarnos, ordeñarnos, sacrificarnos a sus cuentas de parásitos. Frente a esto no haremos corrales nuevos, haremos un campo amplio, sin puertas, sin candados, donde todos caben a condición de no querer someter a nadie, a condición de vivir la alegría de nuestra común humanidad.

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