La vuelta a las cavernas o la reforma legal del aborto

Hay una película un poco rollo, estadounidense, para TV, que se titula Swing Vote, donde Andy García hace de juez joven recién llegado al Tribunal Supremo de los EE.UU., que cuenta cuando este tribunal declaró inconstitucional una ley de un estado que castigaba el aborto de una señora negra y el médico que lo practicó, creo que en los años 70 (del siglo pasado, ya sé que hay que decirlo).

 

Es el típico debate de derechos contrapuestos entre el feto (ahora
recuperan la expresión latina nasciturs, el que va a nacer) por adquirir
su condición de sujeto de derechos, se insiste en eso de que sin vida no
hay derechos, que el derecho a la vida es el primero de los derechos, etc,
y la madre, como sujeto de derechos a la que el nacimiento de aquel le
causa sufrimiento, obligaciones que no puede afontar, etc.

El debate así planteado lo resuelve el juez apelando a la falta de
coherencia del estado, que si por un lado castiga a la madre por no haber
dejado nacer a su hijo, al mismo tiempo no se cuida de que el niño pueda
tener una asistencia o cuidados que la madre no le puede dar.

Pero este debate, con ser actual dada la regresión a 1985 o antes, adonde
nos lleva el proyecto de ley aprobado ayer en el consejo de ministros, me
parece que no es el debate humano, antropológico incluso, que es el que
creo hay que resolver, sacando de los úteros de las mujeres no ya a los
sacerdotes o a los médicos, sino incluso al estado con toda su panda de
leguleyos.

Y es que lo que una mujer hace cuando trae un chiguito al mundo, no es
solo anotar un sujeto de derechos más en el registro civil, una mujer es
la puerta de la regeneración de la especie (no sola, sino con la semilla
del hombre, sin duda), pero siendo el papel de la mujer de indudable mayor
esfuerzo, sufrimiento y relevancia en tanto que el bebé humano no tiene
independencia biológica sino mucho después, necesita de cuidados para que
esa vida salga adelante, que obligan sin duda a la madre, pero también al
padre y a cuantos tiene alrededor. Y es que no basta con dar de comer al
bebé y limpiarle la caca, sino que necesita de toda la carga psicológica,
afectiva, cultural, etc, que solo el cuidado humano le puede dar en el
seno de la tribu.

Y siendo este el quid de la vida de ese nasciturus, el hecho es que,
sociológicamente, políticamente, culturalmente, la carga la soportan las
mujeres, atrapadas entre reproches, admoniciones y chantajes para actuar
conforme al instinto maternal que se las supone, o castigándolas si
desobedecen las normas, todo ello a fin de someterlas a la dominación de
hombres, instituciones y valores que las reducen a meros úteros, olvidando
que son tan persona como el bebé que llevan dentro, pero con la esencial
diferencia de que el bebé lo será a condición de que la tribu se haga
cargo de él, y la mujer ya es un miembro de la tribu.

La reforma legal iniciada ayer por el gobierno nos llevará de nuevo al
tiempo de las cavernas de los años 70 en España, cuando las mujeres ricas
iban a abortar a Londres, cuando las pobres lo hacían clandestinamente,
muchas veces perdiendo la vida o la posibilidad de ser madres más
adelante, cuando ellas lo decidieran, digo que esta reforma es quizá el
ataque más cruento, brutal y miserable que este gobierno hace contra los
españoles y españolas, y es a mi juicio la prueba irrefutable de que no es
posible reconciliarse con esta mafia, son ellos o nosotros.

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